sábado, 18 de junio de 2011

Capitulo .oo1

Incendio De Un Cielo Nocturno...
Capitulo oo1
Un nuevo capítulo en mi vida…


Mis ojos seguían cerrados, estaba adormilada. Era poco consciente de lo que pasaba a mí alrededor, solamente sabía que en cualquier momento el chofer abriría la puerta  y tendría que salir como fuera de esa comodísima limosina. ¡Y enserio que era cómoda! Los sillones eran tan pachoncitos y suaves, la mini-nevera tenia cosas tan deliciosas, aunque lástima que no pude comer más, a mitad del viaje caí rendida después de presionar todos los botones que encontré y de beber un “Crunch” y comerme un paquete de “Pingüinos”.
-Ya puede bajar jovencita.-dijo el chofer después de abrir la puerta y dejar pasar al brillante sol.
Sentí como mis ojos se contraían  y los cerré rápidamente. Saque las piernas del carro, las piedras crujieron al contacto. Talle mis ojos. Lo primero que vi fue a una pequeña sirvienta de tez morena y pelo y ojos café oscuro, era un poco más bajita que yo, su traje era dominante en negro y blanco, como los trajes de la servidumbre en televisión.
-Bienvenida señorita Ignisum’.-dijo la muchacha haciendo una reverencia, cerró los ojos y agacho su cabeza junto con su torso mientras estiraba el brazo mostrándome la entrada.
-Ah, sí, gracias –dije después de caer en cuenta que me decía a mí, realmente la gente no solía decir mi apellido, ni siquiera cuando tomaban lista ya que los maestros no podían pronunciarlo.

Atrás de la pequeña mujer se alzaba una gran casa, más que casa podría ser un castillo, era tan grande que podría cubrir toda una cuadra de mi ciudad, y podría apostar que hasta más. Si mal no recordaba la construcción era en estilo gótico, con un par de torres en las esquinas y una pequeña en el centro, las 3 con el techo de un rojo ladrillo; tenía grandes ventanales; también tenía muchos balcones donde trepaban largas enredaderas que me hicieron recordad a Romeo & Julieta y Rapúnzel cuando las actuaban en mi escuela, de hecho, usaron el mismo escenario para ambas producciones; la puerta era grande y de madera con muchas figuras de leones y rosas grabadas en ella, escondida entre un pequeño techo que viéndolo desde mi punto era como un triángulo caído y redondeado que se expandía en varias cinceladas en la piedra; en lo más alto había unas estatuas que no podía diferenciar por la altura; y por toda la construcción había pilares y figuras grabadas. Podría describir los demás detalles, pero era una construcción tan complicada y hermosa, al puro estilo gótico, sin duda.
Apreté las correas de mi bolsa de mano mientras esperaba a que bajaran mis demás maletas: eran dos rosas de rueditas, una gran bolsa negra y un pequeño neceser rosado; mi mamá las había comprado en una promoción que hubo en Sears hace un par de semanas, ya que realmente nosotras no viajamos y no tenía nada con que llevar mis cosas en esta ocasión. El chofer saco todas mis maletas y las puso en el piso, me acerque para agárralas, y él me interrumpió con una corta frase:
-En un momento las llevo a su cuarto.        
Me devolví a mi lugar sin saber qué hacer, normalmente insistiría en cargar mi propio equipaje, pero en ese instante me sentía un poco intimidada por la situación.
-Sígame.-dijo la muchacha que seguía de pie frente a mí. De un instante a otro empezó a caminar y yo la seguí.
Al entrar pude apreciar vagamente la recepción, se veían un par de vitrales; el piso era de madera y estaba cubierto por un enorme tapete persa; lágrimas de cristal caían del techo con paneles arqueados;  la escalera era larga y de piedra, madera y mármol, muy linda, pero muy cansada de subir.
Al llegar al segundo piso se encontraba un pasillo que se alargaba bastante hacia dos direcciones, la chica se dirigió a la izquierda; pase junto a muchos pequeños candelabros, varias puertas, unos cuantos cuadros y pisaba un tapete rojo que contrastaba con las paredes de madera.

-Llegamos- me comunico la muchacha, abrió la puerta y sin más se fue.
Me quede mirando como la sirvienta se iba hasta desaparecer por la escalera, después me enfrente a la habitación.
Di un paso.
Era realmente hermosa y amplia, el tapizado tenia rosas de colores pálidos; el techo era de madera al igual que el piso; un lindo tocador se encontraba a un costado de una gran cama con dosel de princesa, ¿Mencione ya las obras de Romeo & Julieta y Rapúnzel? El cuarto de la chica también tenía una cama parecida, y de igual manera, usaron el mismo escenario; había un escritorio en la esquina de la habitación con repisas incorporadas y una lámpara; en el techo colgaba una telaraña como la de la recepción, solo que más pequeña.
Sin pensármelo dos veces salí corriendo y me tire a la cama, era aún más suave de lo que parecía. Me quede acostada mirando al techo, tenía flores talladas, rosas con espinas que salían de los pilares que sostenían las cortinas de la cama.

-Aquí están sus maletas-dijo una voz masculina.

Me apoye en mis codos y pude ver como el chofer dejaba las maletas y se iba cerrando la puerta.
Me levante.
Tenía que desempacar todo, principalmente porque no se me ocurría otra cosa que hacer.
Arrastre la maleta más grande hacia la cama. Ahí se encontraba la mayor parte de mi ropa, mi mamá me había hecho limpiar mis cajones dos días antes de abordar el avión, mi cuarto había quedado prácticamente vacío después de eso.
Saque toda la ropa de la maleta y la esparcí por la cama, había muchos pesqueros, shorts y pantalones de todo tipo y colores, realmente me gustaban mucho, por eso tenía tantos.
Empecé a ver toda la habitación y encontré un gran closet en la esquina junto a la puerta, me acerque y lo abrí: estaba repleto de vestidos de fiesta, largos, con mucho encaje y de varios colores. Eran bastante lindos, pero me dio miedo tocarlos, tal vez se los llevarían de aquí después.
Cerré a puerta del armario y pude ver que tenía un espejo por dentro, muy grande.
 Al lado había una cajonera, me acerque y abrí el primer cajón. Estaba vacío.

Termine de desempacar. Hasta había acomodado mi laptop, mis libros y mis colores en el escritorio. Aunque ahora que veía el lugar, dudaba que hubiera conexión a internet.
Me tire en la cama y entrelace mis manos sobre mi cabeza. Me pregunto si mi madre estará bien. Aun no puedo creer que me mandara tan lejos de casa.


-Te vas a ir con tu tía abuela- había dicho una noche mientras nos encontrábamos cenando cereal y viendo CSI.
Agradezco que en ese momento ya hubiera tragado los choco crispís si no seguro que los arrogaba.
-¿Quién? ¿Cuándo? ¿Por qué?- empecé a interrogar desesperadamente, esto no se definía para nada como una conversación normal y casual.
-La hermana de la madre de tu padre. El boleto de avión está programado para el primer día de las vacaciones de verano…
-¡espera! ¿Desperdiciare parte de mi verano con esa mujer?-exclame interrumpiendo a mi madre.
Esto no podía ser. ¿Qué pasaría con mi trabajo?
-De hecho todo el verano, hasta posiblemente más…
-¡¿Todo?! ¡¿Y cómo que hasta más?!
Empecé a gritar, ya había perdido los estribos.
-¡Cálmate Alexa!-grito mi madre.
Mi enojo se disipo, fue como su soplaran una vela de cumpleaños.
-Escúchame primero ¿Vale?
Asentí.
-Tu tía abuela me llamo hace una semana diciéndome que deseaba verte de inmediato…-Iba a reprochar, y ella lo noto en mi cara. No dije nada, mi mamá continuo- no me negué, el que estés aquí ya es de por si peligroso, ya sabes, por lo de Ernesto…
Ernesto era un ex-compañero de trabajo de mi madre, se había obsesionado con ella desde que entro a trabajar, mi mamá le marco un alto, pero ese hombre siguió insistiendo hasta que todo termino en un asunto de acoso sexual. Él fue despedido, por supuesto, hasta le dieron una orden judicial por si se acercaba a mi madre menos de 10 metros. Pero aún siguen llegándole cartas obscenas e imágenes de ella tomando café en Starbucks, realmente es algo grotesco. La policía lleva buscándolo un tiempo, pero aún no lo encuentran.
-¡No te puedo dejar sola con un psicópata tras de ti…!
-Termina de escucharme-Me calle- Yo me iré a casa de Paty mientras todo el asunto de ese hombre se resuelve, ya lo había pensado, ya que su esposo es policía ¿Sabes? Y es una buena oportunidad para que viajes, conozcas una nueva ciudad, un nuevo país y para que conozcas más sobre tu padre…-esto último lo dijo con cautela y en voz baja.
Ninguna de las dos solía hablar con normalidad cuando se trataba de mi padre, él había muerto cuando yo tenía 8 años, fue acecinado por un par de criminales saliendo del cajero automático.
Mi padre era un hombre apuesto; su cabellos era ondulado de un color cobre, sus ojos eran profundo y ambarinos, tenía una liguera barba que solía restregarme en la cara y hacerme rabiar. Él era de nacionalidad Europea, aunque vivía en los Estados Unidos colindando a Canadá; cuando conoció a mi mamá él estaba en un programa de intercambio, mientras mi madre se encontraba estudiando publicidad en la UVM. Siempre he pensado que fue el destino que ellos se conocieran; mi padre viviendo tan lejos y mi madre solo se encontraba en el Distrito Federal hasta terminar la universidad, en realidad ella vivía en Guadalajara.
Me contuve a seguir renegando, sabía que no serviría de nada.
Recogí mi plato a medio comer, lo puse en fregador y me encerré en mi cuarto.



Al final ya me encontraba lejos de casa, recorrí el mismo recibidor donde mi padre debió haber caminado, cruce el portón donde él también había estado, hasta sería posible que comiera en la misma silla donde él lo había hecho.
Se sentía muy extraño.
Tenía pocos recuerdos de mi padre, no los suficientes para bastecer mi necesidad. No había tenido la oportunidad de reñir con él en cuanto a chicos se trataba, tampoco el día del padre era una festividad de alegría para mí, incluso en mi modesta fiesta e XV años termine bailando con mi madre el vals. No me malinterpreten, aprecio mucho lo que mi mamá hace por mí, ella es mi todo, pero no puedo evitar tener esos sentimientos al pensar en mi papá.
Antes de que me empezara a poner nostálgica y me llenara de recuerdos, sonó la puerta.
-Adelante-dije con un tono de duda, en mi casa nadie solía tocar la puerta, ni siquiera cuando uno estaba en el baño.
-Ya es la hora de comer, baje por favor, y su tía solicita que use un vestido del armario.-Anuncio la sirvienta sin rodeos después de abrir la puerta.
-¿Entonces son míos?-No me lo creía.
-Si no fuera así, no estarían en este cuarto.-aclaro con un tono cortes, aunque estoy segura que de todas formas esa frase se escuchó un poco brusca.-Por cierto, el baño esta en esa puerta.-señalo hacia la esquina derecha del cuarto.
Después de eso cerró la puerta.
Me levante y me dirigí al armario. Lo abrí. Eran tantos vestidos, todos tan bonitos. No me inclinaba mucho al uso de ese tipo de cosas, ni siquiera solía usar faldas, se me hacía incomodo, además siendo tan largos seguro pesarías y me tropezaría. No. Ni pensarlo. Aunque mi madre me haya advertido que tenía que ser obediente pero esto estaba fuera de mis límites.
En vez de cambiarme me mire en el espejo; unos pantaloncillos cortos, una camisa holgada y de manga corta y unos zapatos de tiras. No estaba mal, era decente y me veía bien.


“Gusto en conocerte” fueron unas palabras simples y firmemente dichas por una señora que usaba un vestido color tinto; su cara y espalda estaban tan erguidas que me sentí pequeña, a pesar de que yo aún me encontraba escalera arriba.
Empecé a descender sin decir nada aun, de alguna manera pensaba que ella no esperaba una contestación, y yo realmente carecía de palabras en ese preciso instante. No le quite la vista de encima en los pocos segundos que tarde en llegar junto a ella; su cabello estaba amarrado tan cuidadosamente que ningún mechón estaba fuera de su lugar, las canas empezaban a consumir su cabello pelirrojo y delataban su edad, yo le calculaba unos sesenta.
-Parece que decidiste no escuchar mi petición de usar vestido-me barrio con la mirada y suspiro- espero que te acostumbres pronto, esas fachas no te sientan... Fiama.
¡Eso había sido mi grosero! Personalmente pensaba que esa ropa me quedaba bien, el color blanco queda con cualquier piel, tal vez no era un vestido de diseñador tipo época de renacimiento, pero era lo de hoy ¡Vieja anticuada!
-Vamos al comedor, Fiama.
-No me diga así, prefiero Alexa -Aclare.
-Te diré como yo quiera-Sentencio.
-Haga lo que quiera-Gruñí.
-Eso hare.
Se dio la vuelta sin decir más, yo la seguí a regañadientes.

La mesa de la cocina era tan grande, eran diez sillas, me imagine que tipo de personas podrían comer ahí. Mi mama había mencionado que mi tía vivía sola, tal vez se había equivocado ¿Por qué tener una mesa tan grande si se vivía solo? Es ilógico.
Mi tía se sentó en uno de los extremos de la mesa, yo me senté junto a ella y pude notar el tapizado color hueso de las sillas de madera
Espere.
Espere que se nos unieran más personas a la mesa, me daba curiosidad y miedo, pero más que nada emoción, duda ¿Quiénes acompañarían a esta mujer en una casa tan grande?
La puerta que estaba en la esquina se abrió, alce la vista con impaciencia si lograr disimular.
-Aparentemente estas hambrienta.
Aparecieron unos hombres con ropa formal a blanco y negro, ambos tenían charolas. El más bajito se acercó a mi sin siquiera mirarme, puso un plato frente a mí y le quito una tapa brillante que curia la crema de brócoli.
-¿Nadie más va a comer con nosotros?-Pregunte esperanzada, aun sabiendo la respuesta.
-¿Quién más podría? Nadie vive aquí, no me visitan tampoco.
Esta mujer no se iba con rodeos, pero no pude evitar preguntarme ¿Se sentirá sola?
Me concentre nuevamente en la sopa, un mesero se acercó a preguntar si quería pan de ajo en mi crema, yo dije que sí. Me encantaba como se veían los cuadritos de pan flotando, sin mencionar que eran deliciosos.
-Era el platillo favorito de tu padre- dijo ocasionalmente después de dar un sorbo a su crema.
-Lo sé, mi padre solía decirlo cada vez que mi mamá la preparaba, también solía decir que mi mamá era la mejor cocinándolo- pronuncie con entusiasmo y un poco de nostalgia-ella lo prepara con pollo-agrega.
-Pollo ¿eh? Suena… interesante.
Yo no recordaba mucho de mi padre, tenía vagos recuerdos, su rostro solo seguía fresco gracias a las fotografías y a veces su voz se hacía cada vez más lejana.
-Puedo apostar a que el postre será helado de limón con miel ¿no?-Pregunte después de ver el siguiente platillo “carne con salsa dulce y verduras al vapor”,  otra comida que a mi padre le encantaba.
-Si. Todo esto le encantaba comer a tu padre. Lo hice porque creí que no sabías, pero parece que lo recuerdas perfectamente.
-Realmente yo había olvidado todos estos detalles- admití- pero mi madre se ha encargado de que nunca olvide a mi padre.
Sonreí con una sincera felicidad, a pesar de que mi papá no estuviera con nosotras físicamente, mi madre logro mantener su recuerdo vivo todos estos años.
-La habitación que me dio es muy linda-dije con agradecimiento después de un momento de silencio.
-Era de tu abuela, la madre de tu padre.
-¿Enserio?-pregunte impactada.- Pero todo lo que ahí hay se ve muy… ¿Juvenil?
-Eso es natural, tu abuela solo uso esa habitación hasta los 17, después de eso, se fue con tu abuelo.
¿Diecisiete años y dejo todo por un hombre? Yo no lo hubiera hecho, eso era a muy temprana edad, ni siquiera pensaba que era coherente casarse a los 22 años, una mujer debería de tener su propia carrera antes de pensar en casarse.
-¿Me podrías contar esa historia?-Pregunte con curiosidad, mi mama me había contado que la abuela había muerto joven, mi padre era un bebé cuando eso sucedió.
-En otra ocasión-Sentencio levantándose de la mesa.
-¿No comerás postre?
-Me eh llenado ya, creo que terminaras tu sola.

Me avente a la cama, mi panza estaba llena y mi boca aun tenia sabor a miel. Mi tía me había dicho tanto, y a la vez nada. Tenía dudas, tantas que no podía decir bien de que se trataban.
Me levante y prendí la lámpara del escritorio, ya estaba oscureciendo. Mi abuela pudo estar sentada aquí, no sabía cómo era ella, ni siquiera sabía que le gustaba hacer. Intente imaginármela, no pude. Suspire y mire por la ventana, el sol se despedía tiñendo las nubes de un color naranja con destellos morado, las ramas de un árbol que estaban frente a ventana tan solo hacían mejor contraste con aquella vista, me parecía hermoso.
Antes de irme mi madre me había dicho “Recuerda que esto no es el fin de nada, es solo el comienzo de un capítulo más en tu vida.”
Agarre un portafolio que había traído, ahí guardaba todas es cosas de dibujo. Tome un lápiz y mi blog de dibujo, más que un blog era algo parecido a mi diario. Abrí una página y empecé a dibujar dos líneas paralelas, merecía la pena presumir de mi grandioso pulso, las líneas me habían quedado como si hubiera usado una regla. Pensaba dibujar un camino, pero realmente no sabía cómo empezar.
Me recline en la silla e hice mi cabeza hacia atrás.
Recordé cuando Pamela y yo recorríamos las vías del tren mientras hablábamos de la vida, esa chica siempre decía cosas raras y a veces me hacía enojar, pero como la quería, siempre estaba ahí cuando la necesitara. La extraño.
Entonces a las líneas que ya había hecho les puse más volumen, no mucho. Empecé a poner empedrado y argollas entre ellas. Mi mano solamente se movía conforme mi mente visualizaba una imagen. De pronto ya tenía árboles y a una persona caminando sobre las líneas, tambaleante y divertida, de espaldas.
Las vías del tren, una risueña chica que resultaba ser yo y un camino que no terminaba, así era mi vida, hoy empezaba una nueva ruta de mi vida, ¿Quién sabe si algún día llego a tomar una curva?
Puse la fecha de hoy junto a mi firma en la esquina, no necesitaba más palabras para describir lo que ya había dibujado, tampoco necesite color, todo fue con lápiz y carboncillo, digo ¿Cómo poner color a un comienzo que un no está recorrido?

Me puse mi pijama y me envolví en las colchas de la cama. Era tan extraño pensar que una mujer ya fallecida pudo dormir aquí, mas dificil era pensar que esa mujer era mi abuela y que la amaba sin haberla conocido.
Cerré los ojos, eran 9:40 p.m. y yo desfallecía de sueño. Había sido un día largo. Me empecé a relajar cada vez más hasta que perdí conciencia de mí alrededor y de mi misma.

jueves, 2 de junio de 2011

Prologo


"La vida nunca es perfecta, en cuanto crees que esta bien decide tubarte con una solo vuelta. Eso se aprende con el paso de los años, uno comprende que sin eso la vida carece de sazón, pero, no significa que no duela, no significa que uno se acostumbre...."




El cielo era tan negro, habia pocas estrellas esa noche, mas no era triste, la luna lo compenzaba, en lo alto teñida de rojo, grande y prominente, no importaba cuanto lo intentara, simplemente mi vista no se apartaba de ella, era como caer en un hechizo.

-Corre...-Escuche en mi cabeza como si fuera un suspiro.  Mi piel se erizo desde mi espalda baja hasta el inicio de mi nuca. La luna fue cubierta por espesas nubes, el encanto habia terminado.

Entonces resonaron varios susurros, intente entenderlos, pero empece a dudar que fuera español, la desesperacion empezo a invadirme, todo era confuso, mis pies no se movian mientras mi cabeza no dejaba de girar, un crujido fue lo que reactivo los musculos de mis piernas, y sin dudarlo eche a correr hacia donde Dios me dio a entender. No importaba si era una rama, una piedra o un arbusto entero, no podia detenerme, era como una explosion de adrelina que me impulsaba.
Mis pies dolian, sentia la humedad de la sangre en la planta, el ardor al pisar la tierra con heridas abiertas, mis ropajes se fueron reduciendo a arapos conforme corria.
Ya no corria por miedo, no, corria por instinto, un extraño sentimiento que me decia donde debia estar para estar a salvo.
Una raiz retorcida se interpuso en mi camino, tirandome cruelmente al piso sin concideracion alguna.
Chille, resguarde mi cara del piso como pude, mis manos ardian y mi tobillo punzaba. Las oportunidades de levantarme fueron escasas cuando una figura negra se avalanzo sobre mi.
Grite.
Centellaron un par de ojos rojos, un color semejante a la sangre.
Derrepente todo se volvio destellante, mis ojos tenian miedo de abrirse a causa de la fuerte luz,  mi piel ardia. Lo ultimo que pude ver fue como las llamas llegaban al cielo opacando a ese descarado astro lunar.

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-Señorita, hemos llegado.-Escuche decir a una voz sin ninguna pisca de sentimiento, fue entonces cuando cai en cuenta de que me encontraba desntro de una limosina.
Interiormente agradeci a aquel inexpresivo chofer por salvarme de las llamas de mi sueño...




Atte:••Aяιιχ••  ((נυsƬ мӘ))